El Real Madrid venció por 3 a 1 al Liverpool en la final de la Champions League, disputada en Kiev, y se alzó con su décimo tercer trofeo.

Que complejo es el fútbol. Simplemente hay cosas que son difíciles de creer, o que sean verosímiles. Historias que uno las escucha y tiende a caer en la incredulidad. Quizás por no creer en lo más lindo de este deporte. La incertidumbre. Porque nada es lo que parece al término de 90 minutos. En la previa pueden aparecer debates en torno a cómo se maneja el equipo, cómo funciona, cómo ganarle. Pero en el campo de juego la cosa es muy distinta. Puede pasar absolutamente de todo, cómo ocurrió en este caso.

Real Madrid, en las semanas, días, horas, anteriores al encuentro, era el favorito para Kiev. Las dos finales de Champions que ganó consecutivamente lo respaldaban. Un equipo que fue muy irregular en la liga local, pero por determinadas razones, suerte, golazos, fallos arbitrales (en menor medida) llegó a instancias definitivas. En el otro lado estaba Liverpool. Que aparecía un poquito más abajo del favoritismo. Se le daban oportunidades por el buen juego que mostró en algunos tramos, y por lo temible de su delantera.
Como se especificó anteriormente, dentro del campo de juego, son otras las historias.

Los Reds en el primer tiempo asfixiaron completamente al equipo español. Fue extraño ver al más ganador de la competición sometido, nervioso, apurado, sin salida.

Si Intentaba salir desde el fondo, Firmino presionaba. Si en el mediocampo se buscaban sociedades, Wiljnandum, Milner, Salah y Mané apretaban para forzarlos a tirar pelotazos o equivocarse. Si Ronaldo o Isco querían desbordar, se chocaban contra la presencia de Van Dijk, o Robertson. Pero claro, sin goles no hay amores. Y faltó sólo eso. Porque si había premio para semejante esfuerzo, hubiese sido otro el final en la noche ucraniana. Alexander Arnold, tuvo un muy buen disparo que fue bien contenido por Navas.

En una jugada aislada, Sergio Ramos, tomó a Salah (sin dudas uno de los tres mejores de esta temporada) y ambos cayeron al suelo. El egipcio sufrió una lesión en su clavícula y tuvo que ser sustituido a los 30 de la primera etapa.

 

El duro momento de la lesión de en el hombro de Salah, momento clave del partido. ¿Llegará a Rusia 2018?

Por esa circunstancia, el juego pegó un giro de 180 grados. La ausencia del referente, de la máxima figura del plantel, genera un debilitamiento emocional. Eso ocurrió en el conjunto de Jurgen Klopp. Pasaron a dominar los madrileños, encerrando al rival en su propio campo. Sin dejar espacios para las contras, sin permitir que jueguen como lo hicieron. Por toda esta labor, a los 42 minutos, un centro de Marcelo, le quedó a Ronaldo que de cabeza definió, tapó Karius (Atención a este nombre) y Benzema remató, pero fue invalidado por su posición en offside.

 

Noche negra para Loris Karius. El arquero de Liverpool fue responsable en dos goles de Real Madrid y se fue llorando. También le pidió perdón a los hinchas, quienes lo despidieron con aplausos.

Primera parte 0 a 0. Vibrante. Después de tanto, se vio a un equipo que de verdad podía hacerle frente al Real Madrid e incomodarlo mucho. Aunque, no iba a ser lo mismo sin su delantero estrella.
El arquero alemán Karius fue protagonista en el complemento. A los cinco minutos, sumamente confiado, sacó desde abajo con sus manos, pero no contó con la aparición de Benzema, que sólo estiró la pierna y el principio científico de choque hizo el resto. Partido uno a cero. Desazón para el 1. Alegría y locura en la hinchada blanca.

Instantáneamente, reaccionó el Liverpool que en un tiro libre, encontró un anticipo salvador de Sadio Mané, que anticipó a Keylor Navas y definió poniendo tablas en el marcador. Y ahora, la cordura dejaba de existir, pero del lado contrario. Se abrazaban los hinchas y respiraban aliviados. Ya tenían su premio por tanto trabajo en el primer tiempo.

Hay que cortar la secuencia lineal del relato. Para hacer una advertencia. Todo lo que aconteció a partir de que el reloj marcó 54’, es el fútbol mostrando toda su capacidad de sorpresa, de hechos inolvidables, y otros menos afortunados sucesos.
Gareth Bale entró en el conjunto de Zidane. La primera que tocó, fue un centro que le quedó lejos de su cuerpo, pero se las ingenió para irlo a buscar, y con una chilena monumental la clavó casi en el ángulo derecho, para generar la perplejidad de propios y ajenos, que observaban cómo el resultado se volvía a poner a favor del Madrid. Las banderas se levantaron, y si se afinaba el oído se podía escuchar “Como no te voy a querer, Como no te voy a querer”.

La escuadra roja volvió a buscar, una vez más, el tan ansiado gol que retornase el marcador a las tablas. Buscaron incansablemente, con pelotazos largos, jugando al ras de suelo, con apariciones individuales, pero nada resultaba. Un ente llamado destino, tenía otros planes, que fueron mostrados cuando, faltando algunos instantes para la finalización del tiempo reglamentario, Bale disparó desde fuera del área con una potencia no muy complicada para un golero atento. No sabemos si Karius lo estaba. Puso las manos flojas, y el rebote no fue hacia afuera, si no hacia adentro de la red. El enfoque de la televisión puso dos planos. Uno de varios hombres festejando con excesiva alegría, y el otro, de un solitario que empañaba sus ojos con lágrimas por haber tenido semejante equivocación.

Final de la Final. El fútbol es así. Hay veces que por más que se hable, se trabaje, se estudie, se planee, se edifique una manera de jugar, siempre va existir algún condicional que termina con todo eso. Real Madrid tiene una suerte envidiable. Desde hace tres años que lo viene mostrando en Europa. En 2016 y 2018 por ejemplo. 2017 tuvo partidos muy buenos, por eso no es conveniente contarlo. Pero en este encuentro, le salió todo bien. Oportunismos en dos goles, la estrella del contrario lesionada, y la pérdida completa de fe del Liverpool. Una Orejona más a la colección. La décimo tercera. Cuando el dominio blanco parecía cesar en estos tiempos, cuando parecía que había un rival que le haga frente a frente, cuando parecía que se esfumaba una temporada muy austera en resultados y logros, apareció el destino, para dictaminar la historia que estaba pautada, pero que de a momentos, se desvió un poco.

 

Por Leandro Quiroga